A la vuelta de la rueda: mi retorno a la bicicleta

Sé que va a sonar cliché, pero volver a pedalear, literalmente, es como volver a andar en bicicleta.

Prácticamente no recuerdo cuándo dejé de andar en bicicleta. Sólo recuerdo el hecho de que un día, cuando aún vivía con mi familia, volví a casa y pregunté a mi papá si había visto mi bicicleta que estaba en el patio. Obviamente contestó que no, a lo que rápidamente y con una pena que me tuve que tragar, asumí que la habían robado desde el patio.

La “verde” -claramente no tenía nombre- era mi segunda bicicleta. Una mountain bike china que mi padre compró en el antiguo Persa Mapocho y que llevó pedaleando -con la bicicleta para mi hermano en la otra mano- desde el persa hasta la casa en La Florida. Cómo no la iba a querer, con ese tremendo esfuerzo de mi viejo.

Otra particularidad de esta “cleta” es que la había arreglado y cambiado muchas cosas (como el manubrio, motor, pedales, frenos, llantas, neumáticos) con la plata que junté trabajando en el verano. Con ella andaba hasta 12 horas junto a mis púberes amigos, con quienes íbamos sagradamente cada domingo a San José de Maipo.

Después del hurto, no volví a subirme a una. Salvo contadas excepciones a esas gratuitas que pululan por Providencia, pero nunca de manera formal. Hasta ahora.

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Por una causalidad (sí, de causa), me dieron la oportunidad de ser betatester o embajador (sin embajada obviamente) de las nuevas SpeedCalavera, una bicicleta tipo fixie muy rápida y liviana.
Con ella volví a andar a la vuelta de la rueda, intentando hacer un poco de ejercicio, y esquivando subirme al Metro y Transantiago.

Además instalé una aplicación en el teléfono para ir midiendo el recorrido, la distancia y el tiempo; porque quiero sacar el máximo de provecho a la cleta y de pasada ver si yendo de esta forma al trabajo alcanzo a ahorrar algo de sueldo -o lo uso en cosas más ociosas.

Eso es por ahora. Luego iré contando cómo me va y qué aventuras -espero- iré teniendo en el camino.

Aprovecho de dejar la pregunta: ¿Alguien se acuerda de su primera bicicleta?

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6 comentarios en “A la vuelta de la rueda: mi retorno a la bicicleta

  1. Mi primera bicicleta fue una bicicross Vargas, en pleno apogeo de las competencias saltando montículos que promocionaba Milo (si mal no recuerdo). Como tenía aproximadamente 6 ó 7 años, ésta tenía las rueditas chicas (a lo Freddy Turbinas) y me costó mucho aprender a pedalear sin ellas. Fue triste, un día salimos a pasear con mis padres, al llegar del paseo nos dimos cuenta que habían entrado a robar a la casa y lo único que se llevaron fue mi bicicleta que tenía apenas 4 meses de comprada (más muchas cuotas por pagar) y un par de semanas sin rueditas.

    • Qué triste historia, Francisco. Me da la sensación que no sólo robaron tu bicicleta sino que también tus anhelos de aprender a saltar y volar. Muchas gracias por comentar.

  2. Mi primera bici, fue LEJOS lo mejor que me ha pasado en la vida.
    Creo que fue lo mejor que pude haber aprendido desde niña, porque es impresionante lo feliz que me hace de grande.
    Es lo único tangible que tengo desde esa época, pero en su esencia, es mucho mejor aún. Me lleva a lugares mucho más lejanos, donde no es un desafío llegar, sino es una vía de escape sin fin 🙂

    Esa pequeña bici, era blanca con verde flúor y una inolvidable canasta blanca, que la sigo buscando para complementar a mi actual acompañante de aventuras 🙂

  3. MI primera cleta fue una vargas rosada con canastito blanco y margaritas que duró impeque, exactamente, un día. Hermano mayor y compañía se encargaron de sacarle las rueditas y las flores de manera inmediata por que “sus bicis no tenían nada eso, pfff, niñita”, así que tuve que aprender a pedalear sin rueditas, lo que es realmente difícil cuando tienes cuatro años y solo habías pedaleado en un triciclo violeta metálico.

  4. Mi primera bici fue una bicicross… Que aún tengo, recuerdo que me sentía un as del volante con mis rueditas jajaja… Me creía motoquero en ella… Un jinete de la Edad Media también, cuando le saque las ruedas de aprendizaje me sentía libre… Podía ir a todos lados con ella… Como no recordar las innumerables caídas… Pero aún así la miro con un cariño tremendo… Hasta la cajón del maipo me acompaño una vez su primera y última vez . Gracias por hacer que recordara ese momento tan bueno sobre todo cuando me la regalaron un abrazo

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